Historias de taxis

Los conductores de taxis son personas muy conversadoras de eso no le cabe duda a nadie. En esta olvidada isla la tradición de transportar seres es una profesión que ha transitado por varias etapas, últimamente se ha convertido en un oficio muy codiciado donde es muy fácil hacerse de dinero y con poco esfuerzo, de esos tipos ya comente en una ocasión. Ahora quiero dedicarles un pequeño texto a los taxistas reales, a los de “carrera” aunque no sea una profesión que se estudie en ninguna universidad.

Hoy me subí a uno y como esperaba, aunque casi lo olvidaba, el chofer se puso muy conversador, empezó hablando de temas generales, como siempre sobre el tiempo, la economía, que todo está malo y cosas así sin mucha importancia. A mediado del trayecto me pidió un segundo para detenerse pues tenía que conversar un asunto urgente con un amigo. Se bajo y fue hasta un hombre, vestido con el uniforme regular de ese sector y estuvieron hablando unos minutos. Al ponerse nuevamente al volante enseguida se soltó a conversar y me hizo partícipe de algunas interioridades de la profesión.

—En esta vida hay que tratar de sobrevivir en todo momento —comenzó a decir— cuando todo está bueno es fácil pero si se pone difícil ahí es cuando hay que usar la imaginación y salir adelante. Ahora mismo anda un inspector “asesinando” a los de mi base, por cualquier motivo les pone una multa y los envía de cabeza para la casa y como sabes eso trae malas consecuencias. Trabajando uno se busca la vida pero en casa no.

El tema comenzó a interesarme y dije alguna frase para incitarlo a continuar.

—Ese que vi hace un momento era amigo de uno de mis mejores amigos, uno que hace unos meses se suicidó, se tiro del puente A., una pena era una gran persona. Hace varios días estaba por verlo ya que conoce al inspector ese y quiero que me lo presente a ver si puedo entrar en algún arreglo con él, no puedo arriesgarme a que caiga sobre mí. Imagínate que por cualquier cosa te zampa una multa. Mira hoy yo salí con el carro sin limpiar y no porque me diera la gana, pasé por el punto de fregado sobre las tres de la tarde ya que tenía que salir una hora después pero el fregador no estaba, se había marchado sobre las dos. Ahora, ¿tú crees que si me encuentro con el inspector y me pregunta porque tengo el carro sucio yo voy a delatar al fregador? ¡Claro que no! Yo tengo 59 años y jamás he echado para adelante a ningún hombre, ¿crees que a esta edad yo voy a hacer eso? Jamás. Primero asumo las consecuencias y busco la manera de zafar pero yo no delato a nadie, eso no lo he hecho nunca y hoy no será la primera vez.

Un hombre de principios.

Por desgracia llegue a destino y no pude continuar escuchando las interioridades del taxista, como los mozos de hoteles ellos son fuente inagotables de historias. Espero que con el tiempo, ese que todo lo cambia pueda llegar a mejorar esta área tan interesante del transporte para que surjan nuevos y verdaderos manantiales de narraciones y desaparezcan para siempre de la isla los usurpadores de sueños.

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