Ostentación mortuoria

Las órdenes religiosas fundadas durante la Edad Media se caracterizaron por realizar votos de pobreza, aunque en realidad danzaban en la opulencia como lo manifiestan las innumerables huellas dejadas a su paso a lo largo de la historia. Centenares de abadías, monumentales iglesias e imponentes castillos regados por toda Europa dan fe de ello.

Son destacables las militares-religiosas como la archiconocida Orden del Temple que llegó a acumular una riqueza de tal magnitud (cuyo real origen aún se desconoce) y que fue envidiada por los grandes gobernantes de la época. Otra no tan suntuosa, pero no por eso menos conocida fue la Orden Teutónica, fundada en el 1190 en Palestina durante la Tercera cruzada.

Recientes investigaciones llevadas a cabo en la catedral de Kwidzyn, Polonia en sarcófagos que contienen los restos de dos superiores de la orden, el maestre Werner von Orselen (1324) y el de Ludolf Konig von Wattzau (1342) ponen en evidencia la fastuosidad de estos religiosos. Sus cuerpos envueltos en seda rojo carmesí, ¡la tela más cara en la Edad Media!, delatan a estos señores de Dios como verdaderos vanidosos, nada que ver con la religión que profesaban y promulgaban.

Hechos así han llevado a los fieles a una perdida gradual de confianza y seguridad en los representantes de Dios, aislándolos de la verdadera esencia del cristianismo, sumiéndolos en negros abismos desprovistos de fe.

1 comentario:

neurotransmisores dijo...

Siempre aplicaron una doble moral.