Las torres árabes

Una guerra diferente se comienza a desarrollarse en el Medio Oriente, contienda que no tiene como protagonista el petróleo aunque es el capital que la sustenta ni tampoco por suerte, cobra vidas humanas. Sus líderes son magnates petroleros pertenecientes a monarquías que desean perpetuar su memoria convirtiéndose en los amos del cielo. Su fin es construir la torre más alta del mundo.

Dubai, uno de los siete Emiratos Árabes Unidos, se lleva hasta el momento los lauros con su “Burj Dubai” (en árabe la Torre de Dubai), que día a día va ganando altura y ya alcanzó los 600 metros, para destronar a la torre taiwanesa “Taipei 101” y coronarse como la reina de los cielos. Su altura final es un secreto bien guardado pero se conoce que superará los 700 metros.

Otro de los contrincantes es Kuwait, que tomando como referencia al clásico literario “Las mil y una noches” proyecta un edificio de esa magnitud. Su diseño constará de tres estructuras en forma de hojas de cuchillo y cerca de la cúspide se situarán una mezquita, una iglesia y una sinagoga, como símbolo de la unidad entre las tres grandes religiones monoteístas mundiales. Una armonía aún por realizar en las almas humanas.

El último en sumarse a este conflicto arquitectónico es Arabia Saudita. Su proyecto dirigido por el príncipe Al Walid Ibn Talal, poseedor de una de las mayores fortunas mundiales y dueño de la firma Kingdom Holding sobrepasa a todos los demás. Con un capital de 10.000 millones de dólares planea realizar en Yeda, capital económica del Mar Rojo, una torre de ¡una milla de altura!

Como la mítica Babel estos hombres pretenden alcanzar el cielo, algo solo destinado a los inmortales y a los puros de corazón. Su egocentrismo los lleva a pretenderse como tales, desconociendo la pobreza que reina a sus alrededores. Mientras tanto el mismo ser que hace ya tantos años impidió el primer intento observa en silencio.

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