El manuscrito perdido

Un maravilloso hallazgo para las letras cubanas acaeció recién en la capital de ese país. Mientras se efectuaba una limpieza en los archivos del diario oficial Granma afloró un largo pliego que rápidamente llamó la atención por su curiosa forma, amarillo por el tiempo, adornado con una preciosa caligrafía renacían unos versos que parecían dibujados más que escritos.

La inconfundible letra del poeta nacional de Cuba Nicolás Guillén fue identificada en el manuscrito. Sin lugar a dudas, se estaba en presencia de la copia en limpio, pasada a mano por el propio bardo, de uno de los poemas más bellos que jamás halla escrito este genio, la famosa Canción de cuna para despertar a un negrito.

Compuesta en 1953 cuando el poeta se encontraba exiliado en Brasil, nada menos que en casa del celebre pintor brasileño Cândido Portinari, amigo que le dio asilo al huir de la persecución que era objeto en la Cuba de Batista. Hecho confirmado en el propio pliego. Bajo su firma estampó la fecha y lugar de su creación. El poema forma parte de la antología "La paloma de vuelo popular", publicada en Argentina en 1958.

Es realmente confortante cada vez que el destino pone al descubierto documentos que se creían perdidos, situaciones así alientan a hurgar en miles de papeles regados que podemos encontrar en cualquier rincón de cualquier ciudad. Solo es necesario remangarnos la camisa e hincar nuestras manos en la historia y quizás la leyenda.

Canción de cuna para despertar a un negrito

Dórmiti, mi nengre,
mi nengre bonito...

E. Ballagas

Una paloma
cantando pasa:
—¡Upa, mi negro,
que el sol abrasa!
Ya nadie duerme,
ni está en su casa;
ni el cocodrilo,
ni la yaguaza,
ni la culebra,
ni la torcaza...
Coco, cacao,
cacho, cachaza,
¡upa, mi negro,
que el sol abrasa!

Negrazo, venga
con su negraza.
¡Aire con aire,
que el sol abrasa!
Mire la gente,
llamando pasa;
gente en la calle,
gente en la plaza;
ya nadie queda
que esté en su casa...
Coco, cacao,
cacho, cachaza,
¡upa, mi negro,
que el sol abrasa!

Negrón, negrito,
ciruela y pasa,
salga y despierte,
que el sol abrasa,
diga despierto
lo que le pasa...
¡Que muera el amo,
muera en la brasa!
Ya nadie duerme,
ni está en su casa:
¡coco, cacao,
cacho, cachaza,
upa, mi negro,
que el sol abrasa!


Nicolás Guillén

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