Retiro

Ayer permanecí inactivo, completamente inerte a todo tipo de creación intelectual o actividad física. Mí cuerpo, sobre todo ese lugar generador de ideas, sentimientos y demás trastos llamado cerebro, debía descansar. Así que estuve el día entero sumido en el mundo de los sueños, vagando por senderos paradisíacos irrecordables una vez despiertos.

Aproveché ese día de descanso para reintegrar las dispersas energías que se valen del menor descuido para huir sigilosas en busca de mejor entretenimiento. Lo conseguí. Aunque algunas de ellas se resistieron al arresto la gran mayoría fue comprensible y regresaron por las buenas a seguir colmando mi ser de energía vital.

Esta actividad recuperadora es ineludible, no hacerlo nos conduciría a un desierto estéril donde reina el vacío entre inmensas dunas. Familiarizado estoy con esos derroteros como para subestimarlos, paraje inhóspito de difícil salida pues mientras más nos aferramos buscando una salida más nos adentramos en su extensión. Lo mejor es estarse paralizado, relajado y veremos como las dunas se van cubriendo de verdor y brotan árboles cubiertos de frutos, rebosantes de ideas y sueños. Tomarlos y saciarse con ellos es nuestra oportunidad para continuar desarrollando ilusiones.

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