Oscura realidad

Los infortunios nos invaden de repente, se insertan en nuestra vida para hacernos un daño horrible, y dejarnos un dolor profundo, acrecentado cuando no podemos hacer nada por cambiar la suerte.

Un cercano amigo tuvo la desdicha de caer en las manos de la adversidad, enfermo súbitamente fue llevado al hospital C… —no quiero narrar las peripecias previas al ingreso, bastantes insólitas por cierto—. Su pulmón izquierdo presentaba serios problemas, apenas podía respirar, años de nicotina y alquitrán estaban cobrando su deuda…

Presuroso fui a visitarlo, existen momentos para hacernos imprescindibles, necesarios, instantes de miedo y angustia en donde una buena conversación, una broma, una reflexión, ayuda a sobrevivir, a cobrar fuerzas, a salir adelante.

Desde el momento que traspase las puertas del hospital algo dentro de mí dio un vuelco, un sobresalto, había cosas que no estaban bien. Pronto supe que. Un caos reinaba en todo el lugar, edificios construidos hace muchos años en completo estado ruinoso, sin ninguna señalización, guías trastocadas.

Después de mucho vagar y preguntar, halle el sitio donde se encontraba A…

Una construcción —por fuera no presentaba mal aspecto—, me anime, al fin y al cabo se trataba de terapia intermedia, por lo tanto ahí debían existir buenas condiciones. ¡Que incrédulo! La protectora del recinto, una señora entrada en años, robusta, degustaba un irreconocible almuerzo en un recipiente igual de incógnito, la cabeza introducida en él. Pase sin ser visto. Dentro me imagine habitante de la Caja de Pandora. Pasillos a oscuras, ventanas inexistentes, techos derruidos, falsos techos invisibles dejando al descubierto tuberías transportadoras de Dios sabe que. Flotaba en el ambiente un extraño olor —no el típico de los hospitales—, el suelo, paredes, todo cubierto de suciedad, mucha suciedad.

De casualidad abrí una despintada puerta, donde rezaba en unas letras descoloridas "terapia intensiva". Llegue a destino. A… estaba al final de la sala. No voy a exponer todo lo que me contó, no me corresponde esa misión, lo incité a escribir, a lo mejor se decide o quizás me pida que yo lo haga, ya veremos. Rezo para que pronto abandone ese horrible paraje.

Salí deprimido, triste. Hasta ese día me sentía tranquilo, habitante de un país que pregona a todas voces, ser poseedor de un sistema de salud sin igual, envidiable por las grandes potencias mundiales. Cruel engaño, falaz proclama, dolorosa desilusión al comprobar en carne propia la terrible realidad.

2 comentarios:

Rómulo dijo...

La verdad mi estimado me has dejado pensando y mucho..... lo acabo de imprimir para irme a mi habitación a leerlo con más calma. En verdad, y no es lisonja barata, es profundo tu artículo.

Muchas gracias por compartirlo con nosotros.

Un saludo desde Lima, Perú

Dante dijo...

Le agradezco profundamente su comentario, es alentador conocer que alguien lee esas pobres letras, y grandes verdades, aunque "Oscura realidad" no desearía jamás haber tenido el motivo de escribirla, no podía permanecer en silencio. Cosas así no debieran de suceder.
Ah, se me olvidaba, muy frescos los post de la marmota, me alegraron la tarde.
Saludos desde el éter...