Renace el mito de "El Dorado"

"...En aquella laguna de Guatavita se hacía una gran balsa de juncos, y aderezábanla lo más vistoso que podían… A este tiempo estaba toda la laguna coronada de indios y encendida por toda la circunferencia, los indios e indias todos coronados de oro, plumas y chagualas… Desnudaban al heredero (...) y lo untaban con una liga pegajosa, y rociaban todo con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de ese metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. Entraban con él en la barca cuatro caciques, los más principales, aderezados de plumería, coronas, brazaletes, chagualas y orejeras de oro, y también desnudos… Hacía el indio dorado su ofrecimiento echando todo el oro y esmeraldas que llevaba a los pies en medio de la laguna, seguíanse luego los demás caciques que le acompañaban. Concluida la ceremonia batían las banderas... Y partiendo la balsa a la tierra comenzaban la grita... Con corros de bailes y danzas a su modo. Con la cual ceremonia quedaba reconocido el nuevo electo por señor y príncipe."

El extracto anterior pertenece a la leyenda más difundida de nuestro continente: la legendaria ciudad de El Dorado. Su origen se remonta a 1636, cuando Juan Rodríguez Freyle, cronista de la Conquista y del Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada, escribe a su amigo Don Juan, gobernante de Guatavita, una carta donde narraba el ritual que encabeza este post.

Múltiples expediciones partieron desde aquel entonces en busca de este mítico lugar, miles de muertes, de conquistadores y nativos, oscurecen el brillo del precioso metal, ansias de poder que jamás se vieron saciadas, traen la desaparición de pueblos enteros e incluso de culturas ancestrales, y todo por el innecesario placer de contemplar un metal brillante.

Al paso de los años esta leyenda fue quedando en el olvido y hasta podría decirse que ha muerto, sin embargo no es así. La fabulosa ciudad de El Dorado ha sido encontrada. Escondida en lo más recóndito de la selva amazónica, a 3.600 metros sobre el nivel del mar, se halla el centro arqueológico La Joya, ciudad fundada por la cultura chachapoya, y protegida hasta nuestros días por los nativos.

Este impresionante lugar esta rodeado de grandes vetas de oro, conformado por cientos de edificaciones, en un área de diez hectáreas, es comparable por su monumentalidad a Machu Picchu.

Pero esta maravilla de la historia peruana corre un grave peligro, los saqueadores, buscadores de oro, que en nada se diferencian de aquellos primeros codiciosos aventureros, están destruyendo la historia con sus viles actos. Desde su fundación, los nativos de buen corazón han protegido con celo su patrimonio pero sus fuerzas ya no son suficientes para salvaguardar esta joya.

La comunidad nativa decidió pedir ayuda a la historiadora Maritza Villavicencio y al arqueólogo Wilmer Mondragón con la esperanza de que ellos puedan intervenir ante las autoridades para poner fin a los infames eventos.

Así es como este fabuloso lugar ha salido a la luz pública, y sin pretenderlo una leyenda renació, un mito vuelve a invadir las mentes y los corazones de millones de seres humanos. Espero en esta ocasión que seamos suficientemente cuerdos e inteligentes para amar la quimera, soñar la fábula y no traer el caos sobre la creación divina.

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