120 años de aventuras detectivescas

A su lado recorrí las neblinosas calles londinenses, me sumergí en oscuros pasillos, ande por fabulosos castillos y palacios. Junto a su monumental sombra, seguí las pistas de inescrupulosos asesinos y astutos ladrones. También escuchaba absorto, envuelto en bruma de opio y tabaco provenientes de su inconfundible pipa, su mágica música que brotaba del Stradivarius con maestría envidiable. En silencio pretendía adelantarme a su sagaz inteligencia para hallar al culpable ¡Que ingenuo! Holmes era insuperable.

He leído casi todos sus historias, si me ha quedado alguna es porque no la conozco o por no haber tenido acceso a ella. Recuerdo que la última que enriqueció mi espíritu detectivesco fue "El regreso de Sherlock Holmes, La aventura de la casa vacía", con afán la busque en Internet y la leí en la PC, único relato largo que he podido concluir en este tipo de hechura.

Este viernes, casi concluyendo diciembre, el más grande detective de la historia de la literatura cumple 120 años de aventuras. El ingenioso Conan Doyle publicó por vez primera en 1859, en la revista "Beeton's Christmas Annual", un relato que jamás imaginó llegará a poblar los sueños de tantas personas alrededor del mundo: "Estudio en escarlata". Así nació este hombre, emergió de la literatura para materializarse y ser la inspiración de todo un mundo de escritores.

Aún sueño con el héroe, sus libros, tesoro incalculable que por nada del mundo me desharía de ellos, tienen un lugar privilegiado en mi modesto librero. Tomar alguno, en esas noches de desvelo, cuando el tiempo parece detenerse, es enrolarse en las más entretenidas y arriesgadas aventuras, para hacer volar las horas y borrar la soledad.

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